22 sep. 2013

Fragmento del tercer libro de la saga Hija de Humo y Hueso

Abril del 2014


Echáos a un lado, mundos», pensó Karou, «aquí tenéis vuestro desastre». Volvió a echar un vistazo alrededor de la mesa, pero estaba rodeada de guerreros en mitad de un Consejo de Guerra, y todo lo que había sido decidido allí podría archivarse bajo «Claro, idiota. ¿Qué creías que iba a ocurrir?». Aún así, ella lo intentaba.



—No hay un nivel aceptable de daño colateral. Y, humanos, aparte, ¿qué hay de nosotros? ¿Cuántos vamos a morir? —dijo.


—Tantos como sea necesario —respondió Liraz al otro lado de la mesa, y Karou quiso sacudir a la bellísima reina de hielo ángel de la muerte.


—¿Y si no fuera necesaria ninguno? —insistió—. ¿Y si hubiera otra manera?


—¿Tienes alguna idea?


Y, por supuesto, Karou no la tenía. Su poco entusiasta admisión— «Aún no.» —fue amarga.


—Si piensas en algo, estoy segura de que nos lo harás saber.


Oh, su mirada cortante, ese tono sarcástico y desdeñoso. Karou sintió el odio del ángel como una bofetada. ¿Se lo merecía? Le echó una rápida mirada a Akiva, pero él no la estaba mirando. Empezaba a parecer que no volvería a mirarla nunca.


—Si hemos acabado aquí —cortó Thiago—, tenemos resurrecciones que hacer antes de movernos.


Y eso fue todo. Pensó Karou mientras el Consejo se separaba: El pie al apocalipsis.





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― Stephen King